Lo que comenzó como una solución de seguridad, terminó convirtiéndose en un nuevo obstáculo para los ciclistas samarios. En la Troncal del Caribe, a la altura del muro de la Universidad del Magdalena, fueron instalados bolardos para impedir el paso de motocicletas que transitaban de manera indebida por la cicloruta y el andén.
Aunque la medida ha sido celebrada por peatones y transeúntes, quienes ahora se sienten más seguros al caminar, los ciclistas enfrentan dificultades: el espacio entre los bolardos es tan reducido que muchos deben frenar en seco o desmontarse para pasar.
“Sí, ya no se meten las motos, pero ahora uno tiene que bajarse o pasar con cuidado extremo”, dijo un usuario frecuente, preocupado por la falta de un diseño que piense realmente en el flujo seguro de bicicletas.
El estrecho paso y la cercanía al muro perimetral complican aún más la movilidad, especialmente para bicicletas grandes, niños o personas con poca experiencia. Aunque se logró frenar la circulación ilegal de motos, ahora los ciclistas advierten que este tramo se ha convertido en un nuevo punto crítico de accidentalidad.

