InicioOPINIONCOLUMNISTACuando la violencia volvió a hablar más fuerte

Cuando la violencia volvió a hablar más fuerte

Los hechos de violencia registrados en el departamento del Cauca durante el pasado mes de junio confirmaron que el conflicto armado seguía lejos de ser un asunto superado en Colombia. Ataques armados, hostigamientos y asesinatos selectivos sacudieron a varias comunidades del suroccidente del país, recordando que, para muchos territorios, la promesa de paz aún no se traducía en tranquilidad cotidiana.

Lo ocurrido en Cauca no fue una anomalía, sino la expresión de una disputa permanente entre grupos armados ilegales por el control de corredores estratégicos y economías ilícitas. Esa confrontación volvió a tener como principal víctima a la población civil, atrapada entre actores armados y una institucionalidad que, una vez más, llegó tarde o resultó insuficiente para prevenir la tragedia.

Es inquietante que estos hechos se produjeran en medio de un discurso oficial que apostaba por el diálogo y la “paz total”. La realidad en el terreno, sin embargo, mostró una fragmentación de los grupos ilegales y una escalada de violencia que aumentó la zozobra entre campesinos, comunidades indígenas y líderes sociales, quienes continuaron enfrentando amenazas constantes.

Los episodios de este mes dejaron una lección incómoda pero necesaria: sin una presencia integral del Estado, que combine seguridad efectiva, justicia y oportunidades reales de desarrollo, la violencia siguió imponiendo su ley en los territorios históricamente olvidados. El país volvió a mirar estas regiones solo cuando la sangre ya había sido derramada, repitiendo un ciclo que parecía no tener fin.

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