InicioOPINIONCOLUMNISTAfiestas, multitudes y la pregunta de siempre sobre la seguridad

fiestas, multitudes y la pregunta de siempre sobre la seguridad

Las luces, la música y los eventos marcaron el ritmo de julio en Santa Marta, pero la seguridad volvió a caminar detrás del espectáculo. El mes avanzó entre celebraciones, conciertos y actividades masivas, mientras la ciudad intentaba demostrar que estaba lista para recibir multitudes sin que el orden se saliera de control.

En los comunicados oficiales, julio fue presentado como un periodo de preparación y despliegue. Refuerzos policiales, planes especiales y controles temporales acompañaron las festividades. Sin embargo, bastó que terminara un evento para que reaparecieran los mismos problemas de siempre: robos oportunistas, riñas, intimidaciones y una sensación de vulnerabilidad que no desaparece cuando se apagan las tarimas.

Quienes viven en los barrios alejados de las zonas de celebración experimentaron un julio distinto. Mientras el centro y los corredores turísticos concentraban la atención institucional, otros sectores quedaron nuevamente al margen. La seguridad, como en meses anteriores, se distribuyó según el calendario de fiestas y no según las necesidades reales de la ciudad.

Resulta llamativo cómo durante julio la narrativa de la seguridad se vuelve flexible. Lo que en otros meses se considera inaceptable, durante las fiestas se normaliza como “incidentes aislados”. Riñas nocturnas, hurtos y desórdenes se minimizan para no empañar la imagen festiva. El balance del mes deja claro que la prioridad sigue siendo sostener el evento, no garantizar tranquilidad permanente.

Desde el punto de vista ciudadano, julio también evidenció el cansancio. Comerciantes, trabajadores nocturnos y residentes convivieron con el ruido, el desorden y el riesgo, sin mayores canales de respuesta institucional. La sensación general fue que la seguridad funciona mientras dura el evento y se diluye cuando termina.

Al cerrar el mes, queda una pregunta incómoda: ¿quién cuida realmente a la ciudad cuando el foco está puesto en la celebración? Julio mostró que la seguridad sigue siendo un dispositivo temporal, activado por la agenda y no por una estrategia de largo plazo.

Así se va julio de 2024 en Santa Marta. Con fiestas que terminan, escenarios que se desmontan y una ciudad que vuelve a preguntarse si algún día la seguridad dejará de ser un servicio ocasional para convertirse en una política constante, más allá del calendario y de la música.

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