InicioOPINIONCOLUMNISTAla Santa Marta que no salió en las postales

la Santa Marta que no salió en las postales

Diciembre de 2023 mostró en Santa Marta dos realidades que convivieron sin tocarse. Mientras el turismo llenó hoteles, playas y restaurantes, amplios sectores de la ciudad cerraron el año enfrentando dificultades económicas, servicios públicos inestables y una sensación persistente de exclusión. La temporada festiva maquilló por momentos una ciudad que, puertas adentro, arrastró problemas estructurales sin resolver.

El contraste fue evidente en los barrios populares, donde el cierre del año estuvo marcado más por la incertidumbre que por la celebración. Para muchas familias, diciembre no significó descanso ni bonanza, sino el desafío de sostenerse en medio del aumento del costo de vida y la informalidad laboral. La ciudad turística brilló, pero no logró iluminar por igual a todos sus habitantes.

Desde lo institucional, el balance de fin de año se concentró en cifras de ocupación hotelera y dinamismo económico, dejando en segundo plano las brechas sociales que siguieron ampliándose. La narrativa oficial celebró el movimiento comercial, pero evitó profundizar en las condiciones de quienes sostuvieron ese dinamismo desde el trabajo precario y el rebusque diario.

Finalizamos el año y le damos un cierre a este 2023 que no fue como muchos pensábamos que seria, pero si nos deja una enseñanza necesaria: una ciudad no puede medirse solo por lo que muestra al visitante, sino por la calidad de vida que ofrece a quienes la habitan todo el año. Cuando las luces de Navidad se apagaron, quedó en evidencia que el verdadero reto no era atraer turistas, sino construir una ciudad más equitativa y menos desigual.

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