InicioOPINIONCOLUMNISTAla seguridad que no aparece en la postal turística

la seguridad que no aparece en la postal turística

Las cifras de ocupación hotelera dominaron la conversación pública durante abril en Santa Marta, pero la seguridad volvió a quedarse fuera del encuadre principal. El mes avanzó entre balances optimistas y una narrativa oficial enfocada en el turismo, mientras en la vida cotidiana persistían problemas que no caben en las fotografías promocionales.

Bastó recorrer la ciudad más allá de las zonas priorizadas para confirmar que la tranquilidad no es homogénea. En barrios residenciales y sectores populares, abril transcurrió con robos, intimidaciones y una presencia criminal que no se detiene con la llegada de visitantes. La seguridad, una vez más, funcionó por fragmentos: intensa en los corredores turísticos, casi invisible en el resto del territorio.

Los operativos anunciados durante el mes tuvieron un carácter temporal y localizado. Refuerzos policiales, controles puntuales y despliegues estratégicos acompañaron eventos y temporadas específicas, pero no lograron consolidarse como una política sostenida. Abril dejó la sensación de que la seguridad sigue pensándose como un servicio estacional y no como un derecho permanente.

Para quienes dependen del turismo informal, el balance fue aún más complejo. Vendedores ambulantes, guías y pequeños comerciantes enfrentaron no solo la presión económica propia de la temporada, sino también amenazas y cobros ilegales que aumentan cuando circula más dinero. Abril volvió a mostrar cómo las economías criminales se adaptan con rapidez a los picos turísticos.

La experiencia del visitante contrastó con la del habitante local. Mientras turistas caminaban con relativa tranquilidad por playas y zonas históricas, muchos samarios cerraban el mes con una percepción de inseguridad intacta. Esa dualidad alimenta una ciudad partida en dos: la que se exhibe y la que se oculta.

En términos institucionales, abril no dejó avances estructurales. Las estrategias de seguridad continuaron siendo reactivas, dependientes del calendario y de la presión mediática. La ausencia de una política integral, capaz de articular prevención, control territorial y justicia efectiva, volvió a quedar en evidencia.

Abril de 2024 termina así, con una advertencia clara. Santa Marta no puede seguir sosteniendo su imagen turística sobre una seguridad selectiva. Mientras la protección se concentre en la postal y no en la vida diaria, la ciudad seguirá acumulando tensiones que ninguna temporada alta podrá ocultar.

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